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Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido, 

Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas, 
y en la azulada y leve polvoreda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos. 

Delicate.-